Cuando ingresé en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos aires y tuve contacto, en el 2do año de la carrera con la materia Fisiología Humana, en la Cátedra del Profesor Houssay, no imaginé que mi vida cambiaría en todos mis aspectos.
En mi primera clase sobre la fisiología del aparato genital femenino quede, profundamente, fascinado. En ese instante, mientras el docente explicaba que cada componente de este aparato, por más minúsculo que fuera, cumplía una función importante, sentí por primera vez, que tomaba conciencia de la perfección del cuerpo humano. Cada una de sus componentes, tiene una función específica e importante en todo el organismo. Pensé: —la maravilla que llamamos cuerpo humano, es obra de algo superior.
Sentí, la presencia de algo superior que, para mi formación espiritual, era la “energía universal” de la cual provenimos. La sensación de la presencia en mi interior de Dios o algo Supremo al hombre, atravesó, como una espada, todo mi ser. En ese preciso instante, tome conciencia que mi especialidad sería la Ginecología y Obstetricia.
No podrás imaginar lo que sentí cuando hice el primer parto. Hoy, siento la misma sensación estremecedora en cada parto. Siento que soy un privilegiado al poder presenciar el proceso del parto, semejante al que experimentó Eva cuando sus primeros hijos llegaron al mundo.
Cuando salí de la facultad, con mis sueños por transformarme en un buen médico, recuerdo las palabras de mi madre cuando me dijo: “atendé a cada paciente como si fuese yo”. No imaginé el proceso de transformación que debía transitar para lograr el fin deseado.
Pero, pronto en la práctica médica, y en contacto con las experiencias de mis pacientes a quienes mis conocimientos de la medicina alopática no lograban ayudarlas a disminuir sus sufrimientos, ya que el “modelo mecanicista”, el pensar que el cuerpo es un reloj, con el cual nos formaban como médicos alopáticos, en la Facultad, ya no me eran suficientes para comprender y ayudar a mis pacientes en sus dolencias físicas y emocionales.
Fue así como comencé a saciar mi curiosidad científica incursionando en otros tipos de medicinas, denominadas alternativas. Profundicé mis conocimientos en psicología humana, incursioné en la Medicina Tradicional China, investigué sobre cómo funcionaba la Homeopatía, comprobando que esta, no se basaba en micro dosis, como decían en la Facultad de Medicina, sino que era algo relacionado con la energía.
La vida me cruzó con Pedro Aníbal Mansilla, “Pedrito”, como lo llamaba cariñosamente. Quizás algunos recordarán el programa de radio llamado “Modart en la noche”. Pedrito era el locutor, con una voz que enamoraba a las mujeres. La vida hizo que me cruzara con él cursando Homeopatía en la Universidad de Maimónides. Él fue quien me dijo que tenía que adentrarme en el conocimiento de la Medicina Tradicional China. Y así lo hice, transformándose, aún más mi vida. Algunos maestros de Chi Kung, me enseñaron a proteger mi salud con ejercicios sorprendentes que aumentaron las defensas de mi sistema inmunológico.
También, en este nuevo camino que emprendí en mi formación, tuve que incursionar en mi vida espiritual. Devoré con la lectura diversos libros sagrados orientales y occidentales. De estos, mucho me ayudó comprender a la Torá y al Nuevo Evangelio, entre otros libros.
Así cada vez que leía algún libro o artículo científico relacionado, ya sea, con la psicología, con el mundo espiritual o la física moderna, vinculado con la atención centrada en el paciente y su relación con el medio, en mi cabeza se instalaba un torbellino de ideas. Mi mente quedaba asombrada frente a tantos conocimientos que la Facultad no me había ensañado. Conocer el enfoque de las enfermedades en las culturas orientales fue importante en mi nueva formación médica.
Sentía que los libros venían a mí. Ellos me elegían y no yo a ellos. La lectura sobre los avances de la Física Moderna me permitió descubrir el mundo subatómico. Esto, también me dio vuelta la cabeza. Así me interiorice en la Física Cuántica, siendo esta fundamental para poder comprender qué les pasaba a mis pacientes y poder ayudarlos desde un enfoque holístico e integrativo. Dejé de lado mi pensamiento lineal, unicausal en la etiología de las enfermedades, para abrirme al enfoque multicausal y sistémico para comprende los padecimientos físicos y emocionales de mis pacientes.
También debo decirte que necesité explorar lo espiritual y, en mi caso, luego de incursionar por enfoques religiosos occidentales y orientales, puedo decir que me defino como un creyente cristiano, no religioso.
Y fue así, como mi vida cambió en lo profesional y en lo personal. Pude comprender el poder de la “autosanación”. (¡Pum! Al ego médico alopático). Hoy, puedo decir y con agradecimiento a Dios, por sentir en mis fibras más íntimas que logré convertirme en el Médico que soñaba. Esto me ha permitido asistir con un enfoque Holístico Integrativo, a la mujer en todas las etapas de la vida.
Tengo, también, la bendición de poder ser un simple “portero de la vida”, ya que hoy, no solo ayudo a abrir puertitas en el cuerpo de mis pacientes, en caso de los partos vaginales, si es necesario efectuar un pequeño corte o pequeñas incisiones en el abdomen que permiten, traer a sus hijos al mundo; sino que también, hoy puedo ayudarlas abrir la puerta de sus corazones y lograr una transformación emocional, espiritual, acompañándolas a lograr sus objetivos de vida.
Y Fue así, mi estimada lectora, que me convertí en un MÉDICO con un ENFOQUE HOLÍSTICO E INTEGRATIVO.
Por José Antonio Pellegrino – Médico con un enfoque holístico Integrativo
